Dos estrellas en la guía Michelín pueden significar mucho o muy poco. En el caso de La Broche, me decanto por la segunda de las opciones.
Decepción sería la mejor forma de describir lo que sentí. Una decepción que con toda seguridad para otros es entusiasmo y buen sabor de boca.Si las estrellas Michelín las conceden por la puesta en escena de la sala, se merece tres. Si las conceden por la carta de vinos, no menos de tres, sin duda. Si fuera por el servicio, atento pero no molesto, educado pero no agobiante, las mantiene seguro. Ahora bien, si las estrellas Michelín se concedieran exclusivamente por la comida, no le dejaría ninguna.

Como he dicho, la puesta en escena es inmejorable. Un carro de aceites de denominaciones de toda España, fuertes, intensos, aromáticos.., Una selección de sal para combinar a la altura. Los panes de elaboración propia, al mismo nivel (no pregunté si había alguno para celíacos), y la carta de vinos… impresionante! Romane Conti, Petrus, Chateau Margaux… puedes encontrar lo que quieras desde 30 o 40 euros hasta más de 6.000…

Pero la comida… decepcionante. Tengo que decir que criticar habiendo ido sólo una vez, no es de recibo, aunque también creo que dado que el precio medio pasa con mucho los 100 euros por persona, me puedo permitir la licencia. De primero las gambas con butifarra catalana. Nada sorprendentes, nada más allá, anodinas, sosas… normales, algo que no puedes permitirte en un restaurante como este. De segundo… no recuerdo si era lubina salvaje o mero… con una muselina de ajo quemado, el “all cremat” catalán. Repetitivo, hasta tres y cuatro horas después.
Seguro que son muchos los seguidores acérrimos de Sergi Arola, pero yo no soy uno de ellos. He probado también el restaurante Arola, situado en el Hotel Arts de Barcelona. Donde sí pedí el menú degustación, y donde la decepción fue similar a la que tuve al salir de La Broche.

La Broche: trato 8 - comida 4,5 - espacio 8,5 - relación calidad precio 5,5 - vinos 9,5